Master Agroalimentario (MGEA)


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La política española: otro ejemplo de improvisación permanente

27 noviembre, 2018

La política española: otro ejemplo de improvisación permanente

Nos hacemos eco de una artículo de opinión escrito por Jorge Jordana, director del Máster en Gestión de Empresas Agroalimentarias (MGEA) en el medio online QCom.es.

Jorge Jordana, director del Máster en Gestión de Empresas Agroalimentarias (MGEA) 

23/11/18

Fuente: QCom.es

La vigilancia de la sanidad de los alimentos siempre había dependido de una subdirección, dentro de la Dirección General de Salud Pública. Hasta mediados de los ochenta era ella la única que intervenía en los problemas sanitarios de origen alimentario que podían aparecer. Algunos tan irrelevantes como el síndrome toxico: el mayor problema de origen alimentario ocurrido en el mundo. A los que nos “tocó” hacer lo que podíamos en aquel tiempo, una vez superado la fase aguda del problema, propusimos medidas tendentes a poder gestionar mejor la siguiente crisis cuando ocurriera y, así, iniciamos la creación de una red de alerta temprana de incidencias en salud de los alimentos e introdujimos en las empresas sistemas voluntarios de autocontrol, adelantándonos, en ambos casos, a la propia Unión Europea.

Cuando se fueron creando las Comunidades Autónomas y se fueron cediendo las competencias sobre los controles de la alimentación, pronto se vio, entonces desde la industria alimentaria, que las nuevas unidades administrativas trabajaban con una gran deslealtad, tanto con la Administración General del Estado, como entre ellas. No es que no se compartiera información, es que, incluso se negaba cuando se solicitaba expresamente. En la gestión de la Red de Alertas, en la que la industria alimentaria participaba directamente pues la idea inicial había partido de ella, pronto empezamos a observar la absoluta falta de procedimientos discutidos y armonizados. Ante una misma causa sospechosa una Comunidad hacia una cosa y otra, igualmente implicada, no hacía nada.

Este especial “clima” nos llevó a que, formalmente, la FIAB solicitara en 1993 y en escrito dirigido a la entonces Secretaria General de Alimentación, Dña. Regina Revilla, la creación de una Agencia, participada por las Comunidades Autónomas, para gestionar de forma conjunta, ordenada y eficaz esta problemática; petición que se reiteró ante la Ministra de Agricultura Dña. Loyola de Palacios en 1996. Y con ella sí que hubo respuesta creándose un mini grupo de trabajo entre la FIAB y el Ministerio que, a lo largo de año y medio, fuimos elaborando un esbozo de Agencia. Cuando la Ministra cesó para ocupar la Vicepresidencia de la Comisión Europea, el nuevo Ministro paralizó el progreso del diseño de la Agencia.

En el año 1999 un fantasma recorrió Europa: la crisis de las “Vacas Locas”. Todas las instituciones europeas van pensando en lo que necesitan para gestionar ese problema… y los venideros (el riesgo cero no existe) y se van produciendo diversas iniciativas simultáneas: la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), la Food Standards Agency en el Reino Unido, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria (AESA) en España,…
El Congreso de los Diputados aprobó, en julio de 1999 y por unanimidad, una resolución instando a la pronta constitución de esa Agencia. Obviamente la elaboración del proyecto competía al Gobierno y su aprobación al Congreso, pero pronto apareció un problema, nada nuevo para los conocedores: la lucha por las competencias entre Sanidad y Agricultura. Ante el difícil avance del proyecto, ya en el 2000, fui involucrado desde el Gabinete del Presidente del Gobierno, dada mi participación en el diseño anteriormente trabajado. Se fue avanzando en el proyecto de Ley, se fue trabajando con los grupos parlamentarios y finalmente fue aprobado en julio de 2001, presentando cuatro singularidades.

– Fue la única Ley que se aprobó por unanimidad en el Parlamento en esa legislatura, con mayoría del Partido Popular.
– La Agencia se situó bajo la dependencia del Ministerio de Sanidad.
– En el Consejo de Dirección de la Agencia, no solo estaban representadas las administraciones competentes, incluidos los municipios, sino una representación de las organizaciones de consumidores y de las de los productores de alimentos (agricultura e industria alimentaria), lo que hoy se llama partenariado publico-privado.
– A la presidencia de la Agencia se le dio rango de subsecretaría para poder convocar a las direcciones generales de las comunidades autónomas y poder realizar una coordinación real con las administraciones competentes.

Y el inicio del funcionamiento de la AESA fue brillante. Pronto demostró su competencia en armonizar el funcionamiento de las alertas alimentarias (se producen anualmente más de mil), coordinar la elaboración de la legislación de la Unión Europea y su eficacia en la gestión de las nuevas incidencias, como la epidemia de obesidad alertada por la OMS al principio de los 2000. La instauración de la estrategia NAOS, diseñada entre la AESA y la FIAB y el autocontrol de la publicidad dirigida a menores de 12 años, elaborado por la FIAB y aceptado por la AESA (Código PAOS) fueron parte de las acciones iniciales. Por cierto, ambas premiadas por la OMS y por la FAO, respectivamente.

Que las autoridades políticas no sabían qué tenían entre las manos se empezó a manifestar pronto. A un ministro, aún ignoro por qué, se le ocurrió incorporar la palabra “nutrición” a la Agencia, como si acabara de descubrir que no era parte de la seguridad alimentaria. Yo ya critiqué la medida por no aportar nada e ir diluyendo la imagen de la alimentación. Recuerdo que dije que podíamos acabar con una denominación propia del camarote de los Hermanos Marx.

Y así acabamos. AESAN, después AECOSAN (los juguetes con la alimentación) y a continuación ir rebajando su nivel administrativo y, si como leo va a ser una subdirección, cerramos el círculo volviendo a los 80: el futuro de la seguridad alimentaria española está en su pasado y nuestro sector alimentario empezará a ver cómo se va erosionando la imagen de su seguridad alimentaria, conforme las alertas alimentarias se gestionen, o no, en las miles de instituciones administrativas con competencias en la materia, que estarán supervisadas…por un subdirector.

¡Ya volverá a tronar!

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